El gran circo de la vida
Con sus orígenes en una historia de amor transoceánica, Zip Zap ha permitido a los niños evadirse y unirse al circo desde 1989.
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Victoria Nel, madrina del Circo Zip Zap.

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Un trapecista se gana el aplauso del público con su presentación.

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Decenas de jóvenes se han dejado atrapar por la magia del circo.



Por Bienne Huisman / City Press

¿Alguna vez soñaste con escaparte y unirte a un circo? En Sudáfrica esta es una opción que ofrece la Escuela de Circo Zip Zap, con sede en Ciudad del Cabo, desde hace más de 20 años. Zip Zap ha publicado recientemente un libro que narra las raíces de la escuela en la República Dominicana, donde sus fundadores se enamoraron en 1989.

Un ya experimentado viajero y artista, Brant van Rensburg, recorrió los países del Caribe para llevar a cabo talleres de circo en el Club Med Resort. Allí conoció a la parisina Laurence Estève y el resto es historia. Todo empezó en el verano de 1992, cuando la pareja dejó el frío de París para volver a Ciudad del Cabo. Pidieron prestado un trapecio que instalaron en el V&A Waterfront durante las vacaciones. Pronto llegaron los niños de todas las clases sociales, incluso los sin techo, pidieron una vuelta. Y así nació un sueño.

La pareja reconoce el “circo” como una herramienta con la que enseñar y educar a la gente sobre una base de igualdad. “La magia del circo es que es el lugar donde reparar las ilusiones rotas y alimentar nuevas esperanzas”, dicen. Su libro explica: “el circo es un lugar donde todos nos conocemos al mismo nivel. Nos reímos todos juntos con los payasos, nos sorprendemos todos juntos con la actuación de la cuerda floja… No importa cuántos años tengas, en qué país hayas nacido, el idioma que hables, el color de tu piel o la educación que tengas, cuando se trata del circo todos estamos unidos”.

Hoy han marcado las vidas de miles de jóvenes, la mayoría de entornos desfavorecidos enseñándoles el arte de balancearse y de saltar en el cielo, de aparejar las carpas y la magia del espectáculo pero, lo que es más importante, ofreciéndoles un lugar en el que se sintieran como en casa. Zip Zap tiene varios proyectos de extensión, incluyendo el Proyecto del Circo del Mundo Ibhongolwethu, que consiste en talleres de artes circenses patrocinado por el Circo del Mundo y gestionado por la Escuela de Circo Zip Zap en colaboración con Médicos Sin Fronteras (MSF). Maestros de la Escuela de Circo Zip Zap viajan a Khayelitsha dos veces por semana para enseñar números de circo en tierra a niños con VIH en tratamiento antirretroviral; y participan en Ubuntu, lanzado en 2012 también en colaboración con MSF, para niños con VIH que esperan tratamiento. Zip Zap opera en una casa pintada de azul pastel en el barrio de Observatory, donde viven los alumnos que crecieron en las calles de la ciudad.

El circo actualmente está instalado en una tienda junto al Teatro Artscape en la costa de Ciudad del Cabo, con planes de trasladarse pronto a Salt River. Dentro del interior hueco y oscuro de la carpa, jovencitas cuelgan de grandes aros suspendidos mientras los chicos subidos en altas escaleras juegan con las luces. Uno de los alumnos, Remember Nkakro, de 19 años, se impulsa a sí mismo por el aire incansablemente. Nació bajo un árbol en la plaza Green Market y creció durmiendo en las aceras de Long Street con su madre, su hermano y su hermana. "Dormíamos en cualquier lugar que encontrábamos, en cualquier sitio que nos protegiera de la lluvia", dice, con una amplia sonrisa y pectorales bien definidos. Nkakro se mudó a la casa Zip Zap en 2010 y desde entonces ha estado de gira en Francia y Gales con sus compañeros artistas. Su madre aún vive en la calle. Sus hermanos están en la cárcel: "el circo ha sido mi mayor regalo y oportunidad."

Mantener la Escuela de Circo Zip Zap es una batalla constante. Van Rensburg y Estève han recaudado fondos durante años haciendo trabajos de dobles en películas, él sobre todo dobló a Patrick Swayze en “El guerrero del amanecer” y ella a Jennifer López en “La celda” y en una serie de actuaciones, entre ellas un acto doble de trapecio en Sun City.

En 2007, Victoria Nel se subió a bordo. Al año siguiente, se convirtió en presidenta de la escuela y se ha ganado ya el título de “hada madrina”. “La primera vez que vi a los artistas fue en Cavendish, a mis hijos les encantó. Fue tan divertido”, recuerda. Desde entonces, los niños de Nel han entrenado en Zip Zap durante al menos un año. "Una de mis hijas solía ser muy tímida, ahora ya no lo es más. Mi hijo mayor llegó a ser muy buen amigo de un niño de un orfanato. Esto es maravilloso, los niños de diferentes orígenes se unen en un mismo nivel en el terreno de juego. A veces, las condiciones pueden ser desgarradoras, pero cuando ves a los niños con una sonrisa en sus caras es muy gratificante”. El Circo Zip Zap permite a los niños hacer volteretas y tomarse un descanso de la supervivencia de cuerda floja que suponen sus vidas reales.